La jornada de la Memoria Histórica de la Sierra, se ha convertido ya en una cita obligada para todas las personas que sienten la incontenible necesidad de recordar lo que sucedió con nuestra historia, nuestros antepasados y nuestros compañeros de la Sierra, y por extensión de Madrid y de todo el Estado.Este acto se trata de un homenaje de compañeras y compañeros a otros que nos precedieron y que muchos cayeron entre las garras del fascismo. Aquí nada procede de las Instituciones, sus representantes no tienen voluntad de mirar a la cara el pasado, probablemente porque muchos solo verían sus fechorías, o los crímenes y las traiciones de sus progenitores.
Sin embargo, estamos condenados a recordar nuestro pasado común porque sin este referente no es posible forjar un futuro común, porque nos mancharíamos en la ignorancia y la indiferencia, y esto es precisamente el resultado de casi 40 años de transición.
Pero este año la Séptima Jornada tenia un sabor a grandes esperanzas. No porque el cielo se despejo para dejar lugar al homenaje a los represaliados y asesinados por la dictadura franquista cuyos restos se encuentran en las fosas del Cementerio Parroquial de San Lorenzo. Tampoco porque duró toda el día el homenaje con la concentración en la plaza del Ayuntamiento, el recorrido por el camino de los mártires de la democracia, el acto en el Cementerio, la inauguración de la placa en memoria a las victimas del Fascismo en El Escorial, la comida fraternal, el debate con el Foro por la Memoria o la proyección de La Voz Dormida.
La esperanza provenía del medio centenar de participantes de menos de 30 años que estaba presentes sin miedo, sin calculo, sin tapujo, una juventud que no se sentía atada a vergonzosos pactos o leyes de punto final. Este año quizás signo de que los tiempos van cambiando, una parte de la juventud sintió la necesidad de ser protagonista hasta en los homenajes de la historia en marcha de este país.
Pero en definitiva solo era cuestión tiempo que los ideales de emancipación social del pueblo terminaran para volver a emprender el camino que habían empezado a dibujar los Republicanos en los años treinta.

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